Domingo, 16 Septiembre, 2012 - 13:51

Educar en tiempos de construcción de ciudadanía

Educar para emanciparnos, como quería Paulo Freire, en contextos de creciente inclusión y diversidad cultural y lingüística.

Felicitaciones a los profesores en su día. Recordamos a los profesores de Nivel Secundario y de Educación Superior, a los que están en las aulas, a los que estuvieron y sembraron semillas de conciencia, a los docentes desaparecidos, asesinados, encarcelados, perseguidos, por educar para la formación de la conciencia personal y social, política e histórica.
Desde las cuatro generaciones de docentes que hay en mí, desde la quinta que está formándose en la savia docente, quiero transmitirles mi respetuoso y cálido reconocimiento por el trabajo cotidiano, por la tarea por venir, junto a los estudiantes, junto a la comunidad educativa, para como nos lo dice una de las acepciones del verbo educar (del latín educare), contribuir a sacar de adentro lo más profundo que cada alumno lleva dentro de sí y que las más de las veces no lo sabe.
La mirada pedagógica emancipadora sabe mirar a todos y a todas, sabe ayudar a constituir subjetividades con autoestima, sabe decirles con o sin palabras: "vos podés", "vos tenés que poder", por eso te exijo, porque ese es el rol de la educación pública, incluir a todas y todos en un aula, salir a buscar a los que nos faltan si es necesario, como lo estamos haciendo, tanto en los parajes de El Impenetrable, San Telmo o Tartagal, como en el centro de Resistencia. Incluir con el norte de que lo hacemos para construir aprendizajes significativos, que transformen nuestras vidas, las del que aprende, las del que enseñando también aprende, porque ese el rol del conocimiento desde la concepción del paradigma sociocrítico, comprender y transformar la realidad. Y al mirar así, al actuar así, ilumina por dentro. Por dentro de los corazones y las mentes de sus alumnos.
Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser. Esos son los cuatro pilares del informe Delors, Unesco, 1996. Hoy los tomamos, los reactualizamos, para trazar con ellos el tamaño del deseo que anida en todo buen profesor, en tiempos de participación protagónica, de transformación de los diseños curriculares, para que lo que enseñamos y aprendamos en un aula se corresponda con las necesidades de comprensión y transformación de la compleja y dinámica realidad en la que interactuamos. Para poder enseñar latín a Pedro hay que saber tanto latín como Pedro, reza un viejo axioma jesuita. Quiere decir, que tenemos que saber y aspirar a dominar nuestra disciplina, pero que para ser docente tenemos que, sobre todo, amar a los diversos Pedros que caben en un aula, los que saben que pueden, los que dudan que puedan, los que estaban afuera y creen que la educación no es para ellos, los que todavía están afuera y debemos salir a buscarlos.
A mis queridos profesores cuyo recuerdo llevo muy adentro. A mi bisabuelo, a mi abuelo y abuela. A mi madre. Y mi esposa. A todos y a cada uno de los profesores del Chaco. A los que conviven con adolescentes. A quienes forman a los futuros docente y técnicos chaqueños. A todos ellos, un abrazo fraterno.
(*) Ministro de Educación de la Provincia del Chaco.