C. de lectores | 06 Septiembre de 2012 | Comenzó la inclusión para los discapacitados luego
de años de arduo trabajo.
Aún así, en general la
gente no está madura para aceptarlos con lo que "no tienen", ellos suplen las tareas
desarrollando otros sentidos: la observación, intelecto, habilidades manuales, y
en muchísimos casos se destacan en el arte.
Ejemplos de discapacitados o minusválidos que se han trascendido,
abundan, sólo basta nombrar al Beethoven, músicos locales, profesionales
excelentes que padecen hipoacusia o no
videntes.
Es interesante la
película "Mi pie izquierdo", y conmovedora "I am Sam."
Pareciera que a veces se habla con naturalidad de quienes escalaron la fama como Beethoven,
(sordo) Helen Keller, sorda-muda y ciega, lo mismo "Murciélagos" dignos de mil
aplausos.
Lo que cuesta es convivir, adaptar elementos o espacios para
compartir con quienes tienen cierta discapacidad. Todos ellos, los que llegaron
a destacarse , y a los que pasan cerca nuestro, tienen que soportar y vencer con voluntad todo
aquello que les exige un esfuerzo en la
vida cotidiana.
No les es fácil, aunque cuando se los ve, parecieran estar acostumbrados a desenvolverse de esa manera.
Han desarrollado lo que llaman "capacidades diferentes", que
es el modo diferente de hacer las cosas, y los dignifica y pueden sentirse
menos dependientes, como Fernando.
Él, tiene una discapacidad motora de nacimiento, esto hizo que siempre deba manejarse con
muletas, las que lleva con suma
destreza.
Salió a primera hora de la tarde caminando por la avenida 9
de julio, tuvo que aminorar la marcha, primero dos pequeños escalones eran el
límite entre un negocio y una vivienda, pocos metros después una pequeña
"rampa", (siempre por la misma vereda) movió la cabeza con cierto fastidio, y
siguió, ¡un escalón de varios centímetros!, debía subir, luego diez metros más,
ahora debía bajar. Fernando transpiraba, iba atento, pero, la vereda estaba
rota junto a un caño, allí, le fallaron las muletas y cayó. Que ironía, estaba
sólo a 100 metros
del Hospital Perrando.
En este accidente, quedó
al desnudo que la ciudad no es para todos, o para cualquiera, porque esas "barreras" lo son para un
minusválido visual, para una silla de ruedas, un anciano, con o sin bastón. Son una desprolijidad
arquitectónica, aunque quizás exista algún protocolo que regule justamente esto
y se pasa por alto.
Y vale la pregunta: ¿Pero existe la reglamentación ¿ ¿Hay un
control? ¿Está contemplada la cota, para que no se inunde en tiempos de lluvia?
¿O es el propietario quien tiene que poner resguardo a su vivienda decidiendo
ante la emergencia, casi sin criterio improvisando una solución?
Aunque aún falten los
transportes adaptados para subir sin riesgos,
por lo menos ocupan un lugar en las agendas, ya se comenzó con la
modalidad de los semáforos sonoros, que quizás con el tiempo se extiendan. Las
rampas, de las que tanto se habla, son apenas un pequeñísimo aporte, porque lo "grueso", lo
más importante es por donde se camina: las veredas.
Hay mucho por hacer, y siempre lo habrá.
Quizás sea el momento junto a la pavimentación de calles y
avenidas, mirar hacia los costados: las veredas.
Muchos lo
agradecerán.